Sufrir o cambiar, tú eliges

¿Es mejor cambiar para dejar de sufrir?

¿Resignarte a sufrir o sufrir para cambiar?

¿Dejar de sufrir o aprender a sufrir?

Sufres. Sufres mucho. Todo duele hasta un punto tal, que prefieres quedarte entre las sábanas. Puede que sea por un problema concreto. Quizás se trate de una mala racha. O, tal vez, seas una persona hipersensible. Esa sensibilidad es una virtud porque hace de ti alguien empático y comprensivo pero, a la vez, es una condena porque eriza tus emociones y hace que todo queme. Sufres y odias esa sensación. Te paraliza.

Sabes que tienes que hacer algo, pero no sabes muy bien qué. Te han aconsejado que le quites importancia o que pienses en que podría ser peor, pero no se te está dando muy bien. Y lo has intentado, que conste. Has tratado de poner buena cara y de tener una actitud positiva, pero hay una voz dentro de ti gritándote “hipócrita” cada vez que sonríes. Estás, por así decirlo, en punto muerto.

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Tienes (y tienen) razón en una cosa: tienes que hacer algo. Tienes que cambiar. Pero no tiene por qué ser un cambio, así, a lo loco. Sí, sería estupendo poder hacer las maletas, plantarte en un país tropical y dedicarte a hacer pulseras. Si puedes y quieres, hazlo, desde luego. Pero probablemente no tienes pasta suficiente y sí un porrón de responsabilidades. Un trabajo, una familia, unos estudios, amistades. Compromisos. Tú lo que quieres no es cambiar de vida, sino hacer habitable la que ya tienes. No quieres huir de tus problemas, sino aprender a convivir con ellos.

Ya. Pero, ¿cómo?

Lo primero que tienes que saber es que no se puede evitar el sufrimiento. Porque tal y como estás, sufres. Pero, si cambias, también vas a sufrir. El psicólogo Raúl Pérez advierte que “un verdadero cambio siempre conlleva sufrimiento”. Al crecer, las personas vamos generando defensas psicológicas para sobrellevar los problemas. Hay quien se defiende del dolor con el cinismo. Otros, se aíslan de los demás. Otra gente, utiliza el sentido del humor o la agresividad.

Hay quien se dedica a huir cada vez que se topa con un obstáculo y hay quien opta por resignarse y cerrar los ojos mientras le llueven los golpes. Existen muchas formas de lidiar con el dolor, tantas corazas como personas existen. No sé qué muros has puesto tú en tu cabeza, pero lo que está claro es que los pusiste por algo. Así que es evidente que, quitarlos, va a doler. 

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Pero, si te encuentras en una situación que no puedes cambiar, tu única opción es amoldarte tú. El doctor en Psiquiatría Pedro Domínguez afirmaba que “la sociedad moderna ha desarrollado una intolerancia a la frustración”. Es una especie de trastorno adaptativo. Entendemos que el dolor es malo y, ante él, huimos o nos medicamos. Por eso, tal vez, la solución sea entender (entender de verdad) que el dolor es inevitable. Sin embargo, podemos escoger cómo vivirlo.

En El hombre en busca de sentido, el psicólogo humanista Viktor Frankl habla de su experiencia como interno en un campo de concentración nazi y de cómo él y sus compañeros sobrellevaron las vejaciones, la deshumanización y la continua presencia de la muerte durante su encierro. Su caso es límite, desde luego, pero ofrece una lección muy valiosa: en el ejercicio de las pequeñas libertades (compartir un trozo de pan, ayudar a despiojar a un compañero, dar los buenos días) es donde los presos conseguían sentirse humanos.

No podían evitar sufrir, pero sí podían encontrar sentido a lo que hacían. Cuando decides, eres humano y, con tu actitud ante el horror, marcas la diferencia. Puede que el cambio no se vea de puertas para afuera, pero existe. Lo que es diferente, es tu punto de vista. El significado que das a tus acciones.

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A lo mejor no puedes cambiar tu situación familiar, pero sí decidir que prefieres aguantar ciertas cosas a tener que darles la espalda. O puede que te dé miedo romper con esos lazos, pero que decidas que te compensa echarles de menos si vas a evitar su influencia tóxica. El caso es que decidas qué prefieres y que lo lleves a cabo para encontrar algo de paz. Y eso es extensible a casi todo. Tal vez no puedas cambiar tus circunstancias, pero sí puedes tomar decisiones. Y, al escoger, aunque sufras, cambiarás algo. O, al menos, darás un sentido a tu sufrimiento.

Es tu decisión. ¿Resignarte a sufrir o sufrir para cambiar?

http://www.codigonuevo.com/sufrir-o-cambiar-tu-eliges/

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