‘El risky’: cómo los “niños de la calle” de Melilla cruzan a la Península

Borja Rodrigo 09/03/2017 El Mundo 

Al menos 540 menores extranjeros no acompañados viven en Melilla, de los que alrededor de 100 viven en las calles de la ciudad autónoma

Ante el desamparo institucional, muchos se juegan la vida tratando de colarse como polizones en los barcos que zarpan del puerto melillense.

Mohammed llegó a la península de polizón en una embarcación. Hizo lo que llaman un “risky”, la única forma que le quedaba para proseguir su camino desde Melilla hasta la Europa continental. Es la suerte a la que juegan muchos Menores extranjeros no acompañados (Mena) que se fugan de los centros de acogida en la ciudad fronteriza o que buscan abandonar la calle a la que la desidia institucional les condena. Se organizan en grupos y trepan la alambrada que separa la ciudad del puerto para tratar de esconderse en alguno de los barcos que viajan a la península o saltar -hasta en cinco ocasiones en una misma noche- al mar y nadar hasta a los navíos que ya han zarpado.

El sistema de políticas sociales de la ciudad “empuja” al mar a los Menas que viven en sus calles, denuncia el informe “Rechazo y Abandono. Situación de los niños que duermen en las calles de Melilla” elaborado por la Universidad Pontificia de Comillas. “El ‘risky’ es una forma semipoética de definir la búsqueda de sus sueños, seguir adelante en su camino”, explica Violeta Assiego, directora de este informe.

El nombre de Mohammed es ficticio, pero no su historia. “Lo conocimos el primer día que llegamos a Marruecos, se partía de risa y mostraba felicidad”, recuerda Assiego, que tampoco olvida las magulladuras en la cara del pequeño un mes después y que se convirtieron en testigo de las redadas que las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado realizan en las escolleras de la ciudad y que no distinguen entre hombres y niños.

Tres meses después de llegar a Melilla desde Fez, en Marruecos, Mohammed abandonó su infancia con diez años para convertirse en uno de los 100 menores Menas que subsisten en las calles de la ciudad -de los más de 500 que la habitan- y a los que se les conoce popularmente como “los niños de la calle“. Durante esos meses, fue víctima de abusos sexuales y de las extorsiones de los delincuentes.

La policía trasladó a Mohammed al centro de menores de La Purísima -un centro de régimen abierto para Menas criticado duramente por el Defensor del Pueblo y diversas ONG como Unicef- tras aquella redada, pero como otras tantas veces “cuando los niños son llevados al centro, en el mejor de los casos, les dejan marchar al día siguiente”, critica Assiego. Durante su visita a este “Ceti para menores“, constató que el centro acogía a 322 jóvenes y niños, cuando el número de plazas es de 180, “obligando a los chicos a dormir en colchones en el suelo” y que se “les da techo y comida, pero ninguna garantía” de resolver una “problemática” que ocurre en Melilla desde 1995.

Según datos del informe Harriaga, el 92% de los menores que viven en el centro La Purísima manifiestan haber sido tratados de forma violenta. Assiego opina que si van a la calle es por “un tema de supervivencia”, si en el centro y la ciudad hallaran “esperanzas de una vida digna, se quedarían en centro. Tontos no son”.

El pequeño se fugó del centro, “aislado geográficamente y con un proyecto educativo que no está orientado al cuidado y la formación integral de los niños y adolescentes”, y fue “empujado al mar”, como tantos otros niños de la calle ante la imposibilidad de llegar a la península hasta que cumplen la mayoría de edad y desamparados ante unas instituciones que no les brindan “las oportunidades de desarrollarse. Si pudieran formarse, se quedarían, no tienen nada contra Melilla, lo que quieren es huir de una situación que les ofrece una vida indigna“.

Por esto, una vez que estos menores se hallan desamparados por las instituciones “no es de extrañar que busquen sus propios refugios en otros iguales -en la calle-, y también en aquellos mayores que les ofrecen un entorno de seguridad y un grupo que les dota de identidad”, recoge el informe. A pesar de que la integridad de estos menores es responsabilidad de la Concejalía de Bienestar Social y de La Purísima, frecuentan espacios donde están “en una total situación de peligro y riesgo”, a merced de las mafias, los pederastas, y el abuso de drogas y alcohol. El documento critica que “no hay una preocupación real” por la integridad de estos menores desde las instituciones que trabajan en la ciudad.

“No interesa que los Menas se queden en Melilla”

Así lo critica Assiego. Los últimos datos conocidos sobre cuántos Menas hay en Melilla los facilitó la organización Bienvenidos Refugiados. En un informe del mes de enero contabilizaban 540 menores extranjeros no acompañados en la ciudad fronteriza. Pero advierten de que los datos son “aproximados” ya que “es prácticamente inútil poder obtener información por los cauces oficiales”.

Aunque según fuentes de la Concejalía de Bienestar Social, en 2016 entraron en la ciudad autónoma cerca de 1.800 menores sin compañía de padres o familiares, según cifras no oficiales. Y es que las “reseñas” de los menores en centros como La Purísima se tramitan cuando lo permiten los cupos. Desde la Oficina de extranjeros autorizan al centro de La Purísima un máximo de diez ingresos para reseñar diariamente, por los que el proceso se va dilatando a lo largo del tiempo.

El coordinador del centro relata para el informe que existen casos de niños “que llevan dos o tres años en el centro” sin que “la administración le haya hecho la documentación adecuadamente” y critica que no existe un criterio uniforme a la hora de documentar al menor, sino que depende de “la suerte” del niño y del momento. Si no tienen la documentación cuando cumplen la mayoría de edad, de nada les sirve “porque no podrán trabajar, ni tener un contrato de alquiler” y corren el riesgo de ser repatriados, aun cuando muchos podrían ser candidatos solicitantes de asilo.

Durante la presentación del informe, salió a la luz la primera querella por un delito de odio contra un grupo de Facebook que insinuaba que “el problema de los Mena se solucionaba atacándolos”.

La criminalización de los Menas proviene de “los discursos que se utilizan en las instituciones”, critica Assiego, quien analiza que los datos de criminalidad en la ciudad son el “caldo de cultivo perfecto” para que transgreda este “sentimiento de odio” y es la forma en la que en Melilla se “justifican los males y configurar un discurso hostil”. Pero añade un dato importante: “Los Menas no conforman ni el 9% de las denuncias en una ciudad con un índice de delincuencia mucho menor que en ciudades como Barcelona o Madrid”.

http://www.elmundo.es/sociedad/2017/03/09/58befcc0ca4741d6628b4642.html

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