Niñas y niños soldados, vulnerabilidades ocultas

Por Nieves Gascón Navarro, Equipo de Menores de Amnistía Internacional, 12 de febrero de 2017

Los conflictos armados se desencadenan avivados por rivalidades de identidad, étnicas, religiosas o competencia relacionada con la escasez de recursos, su mal reparto y peor aprovechamiento. Sudán del Sur, vive uno de los conflictos actuales más duros desde finales de 2013. Según UNICEF, más de 4,3 millones de niños y niñas se enfrentan a violencia, desplazamiento, enfermedades y hambre. En 2016 con la intensificación de la lucha, aumenta el reclutamiento de menores de edad por las fuerzas contendientes afectando a 1.300 niños y niñas en el año. UNICEF calcula que hay un total de 17.000 niños soldados en el país.

Niños y niñas son víctimas especialmente vulnerables. En otros países en guerra como Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Gaza, Cisjordania o Somalia, se destruyen escuelas y hospitales, como blancos de ataques armados indiscriminados contraviniendo la consideración de espacios especialmente protegidos por el derecho internacional humanitario.

UNICEF calcula la existencia de 300.000 niños y niñas soldados en el mundo. Esta cifra es tan sólo una aproximación, que no la certeza sobre la cantidad real de chicos y chicas en las filas de ejércitos y grupos armados de recónditos lugares.

Niños soldados reclutados por el Estado Islámico. ©  Uncredited

Niñas y niños desplazados, sin hogar tras su destrucción, acompañados, solas o solos por la traumática pérdida de sus familias, en tránsito buscando seguridad o en campos de refugio. Son secuestradas, secuestrados o manipulados para unirse a grupos armados y ejércitos en dieciocho países del mundo.

Sin escuela, ni dinero, ni comida y sin apenas expectativas de mejora. En Siria se recluta a niños y jóvenes en campos de adiestramiento y las familias reciben a cambio una retribución nada desdeñable debido a la extrema pobreza estructural, tras seis años de guerra.

Las niñas con frecuencia, son reclutadas como esclavas sexuales que satisfacen necesidades del grupo armado. Sufren doble discriminación por género y edad. Niñas y adolescentes invisibles, ocupándose de labores domésticas o empuñando un arma junto a chicos, reproduciendo un patrón de comportamiento más competitivo, agresivo y masculinizado, a la vez que se someten a un manipulativo y abusivo poder patriarcal.

Adiestradas y adiestrados para la guerra, se alecciona a niños y niñas en el manejo, mantenimiento, limpieza y posesión de armas ligeras, con las que hieren y matan a otras personas. Desde los siete y ocho años, cuando pueden cargar y caminar con ellas.

En tan solo tres horas aprenden a limpiar y montar un Kalashnikov o fusil de asalto, popularmente conocido como AK-47. La obtención de un arma simboliza un poder adquirido dentro y fuera del grupo armado, equivalente a un ritual de paso de la infancia a la edad adulta.

Viviendo un amplio repertorio de horrores bélicos y como consecuencia de ellos, niños, niñas y jóvenes, corren el riesgo de sufrir trastornos psíquicos, físicos y patologías con secuelas de discapacidad o muerte. Sin acceso a atención médica, la situación de las niñas soldados, que además son víctimas de violencia sexual, se complica por el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, por los embarazos no deseados y los partos de alto riesgo a edad muy temprana, para los que no están físicamente ni psicológicamente preparadas.

Niñas que cuidan de otras niñas y niños, sus hijas e hijos, sin preparación ni apoyo, en medio del caos, privaciones y violencia, quedan estigmatizadas y sin oportunidad para la reinserción y reagrupación con sus familias y comunidades de origen, en procesos de desarme y desmovilización, al no permitirles salir de los grupos armados en los que establecieron relaciones de parentesco, tras ser madres. También temen el rechazo social hacia ellas y sus bebés.

Un niño soldado vigila junto a otros combatientes islamistas de Al Shabab los entrenamientos militares llevados a cabo al norte de Mogadiscio, Somalia. ©  AP Photo/ Farah Abdi Warsameh

Niños, niñas y jóvenes que, en general, son víctimas de violaciones de derechos humanos. En concreto del delito e incumplimiento de la prohibición de reclutamiento (Estatuto de Roma,1998; Protocolo Facultativo de la Convención de los Derechos del Niño, relativo a la participación de niños en conflictos armados, 2000), de verse privados y privadas del derecho a crecer en un entorno saludable, a una vida en familia, a la educación, a posibilidades de formación laboral y a la construcción de un proyecto de vida adulta, pleno y autónomo, tal como contempla y garantiza la normativa internacional en materia de derechos humanos e infancia o la Convención de los Derechos del Niño (CDN, 1989), de obligado cumplimiento por todos los Estados.

Concluyo convencida de lo prescindible de las cifras por la gravedad de la situación de especial vulnerabilidad e indefensión de niñas, niños y jóvenes soldados que participan en cruentos conflictos bélicos abiertos actualmente y ponen en riesgo sus vidas. Niñas y niños requirieren una protección especial que responda a sus necesidades específicas.

Un solo chico o chica, una sola situación de reclutamiento es suficiente para que exijamos a los gobiernos que pongan fin al reclutamiento de niños, niñas y jóvenes.

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