Perder para ganar. El valor de la pérdida

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Perder, no me gusta la palabra perder. Me gustan más sus sinónimos: transformar, cambiar, modificar,… Siempre que se pierde algo, también se gana algo. Perder va acompañado de ganar, perder siempre implica un cambio, una transformación del transcurso de los sucesos.

Quizá, para empezar a tomarnos las perdidas como algo no tan negativo, debemos empezar a asociar las pérdidas con las ganancias.

No es fácil perder, no nos han enseñado a perder, ni tampoco que la pérdida pueda ser algo positivo. La pérdida comporta en muchas ocasiones frustración, ira, tristeza, pena, incluso melancolía por lo que hemos perdido.

 perdida

La sociedad nos ha inculcado frases como “no llores”, “no estés triste”, “no te enojes”. Yo digo que es necesario llorar si el cuerpo así lo pide, es necesario pasar por la tristeza, por la pena, si el cuerpo así se siente, pues perder implica hacer un cambio, y el cuerpo ha de adaptarse al cambio mediante el duelo.

El dolor, la rabia, la tristeza, aunque sean experiencias duras, son sanas y necesarias. Cuanto antes se pase el duelo, antes empezará la fase de rehabilitación y adaptación. La intensidad, la duración y las características de este duelo dependen de la pérdida y de nuestra disposición a ser conscientes de que estamos viviendo un proceso de duelo.

Por eso, no debemos ignorar las pérdidas. Ahí están, siempre estarán porque la vida es un constante cambio, con constantes perdidas y constantes ganancias.

El valor de la pérdida

No es adaptativo pensar que la vida es estable, que siempre será así, o que algo es para siempre, puesto que si se tiene esta idea errónea, se vivirá cualquier cambio como algo imprevisto y negativo.

Hemos de tener presente que la vida está llena de cambios, algunos los escogemos, otros nos vienen impuestos por la vida o el azar, pero la vida es eso, un constante cambio y una constante adaptación a estos cambios.

Escapar de lo que nos duele conduce al sufrimiento. Así, lo que podía haber sido un duelo sano y necesario para crecer, se convierte en trastornos de ansiedad, miedos, fobias, depresión, aislamiento, angustia, dificultades sociales, etc.

Distingamos algunos tipos de pérdidas:

  • Pérdidas ligadas al desarrollo: relacionadas al propio ciclo vital, como por ejemplo las etapas del crecimiento (pérdida de la niñez para ganar la adolescencia o pérdida de la adolescencia para entrar en la adultez).
  • Pérdida del país y tradiciones culturales en el caso de emigrantes para ganar conocer algunas nuevas.
  • Pérdida de objetos externos y bienes materiales, del trabajo, de estatus, de roles sociales, situación económica, pertenencias…
  • Pérdidas emocionales como pueden ser vínculos afectivos: pérdidas de amistades, familia, rupturas de pareja…
  • Pérdidas de aspectos de sí mismo, como por ejemplo pérdida de salud, tanto pérdidas físicas como amputaciones, capacidades sensoriales, cognitivas, motoras, estados terminales…, como psicológicas, por ejemplo la autoestima, o valores, ideales, ilusiones, etc.
  • Muerte o enfermedad de un ser querido.

Toda perdida requiere su duelo y requieren ser aceptadas como tal. Aceptarlas implicará descubrir qué hemos ganado. Pongamos por caso, perder el trabajo, ganaremos nuevos horizontes y nuevas oportunidades.

Perder una amistad implicará ganar la oportunidad de conocer a más gente maravillosa y abrirnos a nuevos ámbitos, perder la pareja implicará ganar la oportunidad de encontrar a alguien que sea mejor para nosotros.

No digo que sea siempre positivo perder, ni mucho menos, a nadie le gusta perder, pero debemos esforzarnos por encontrar las cosas positivas que nos proporciona la pérdida, las oportunidades que se nos abren por cada pérdida que sufrimos.

Los duelos, por muy dolorosos y complicados que resulten, pueden ser oportunidades excepcionales para nuestro crecimiento personal y realización, siempre y cuando seamos capaces de afrontarlos y de integrar la correspondiente pérdida.

La persona sana es aquella que no intenta escapar del dolor, sino que sabiendo que ocurrirá intenta saberlo manejar. Saber perder es darse la oportunidad de ganar.

http://psicopedia.org/4313/perder-para-ganar-el-valor-de-la-perdida/

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