8M: la huelga mundial de mujeres está en marcha

Artemisia. Publicado el 13/02/2017

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A la huelga. El próximo 8 de marzo las mujeres del mundo están llamadas a parar en sus trabajos como respuesta a la violencia “social, legal, política, moral y verbal que experimentamos hoy las mujeres en distintas latitudes”, según la convocatoria del International Women´s Strike, Paro Internacional de Mujeres en español. Está en marcha en casi 30 países y es difícil predecir su alcance, si bien sus organizadoras se miran en la fuerza demostrada por movimientos civiles como el suyo, que fueron la raíz de la enorme Women´s March on Washington del 21 de enero, que reunió a más de 500.000 personas en la capital federal. O tres meses antes, de la huelga general de mujeres en Argentina del 19 de octubre de 2016, el llamado “miércoles negro˝ que llevó a decenas de miles de manifestantes al centro de Buenos Aires en respuesta a los feminicidios como el de Lucía Pérez: en los días previos, el 8 de octubre, el brutal asesinato tras cruentas torturas de esta muchacha de 16 años había conmocionado el país. Y solo un poco antes, el 3 de octubre, las “mujeres de negro” en Polonia habían obtenido un gran triunfo con su jornada de huelga al lograr impedir que el gobierno aprobara mayores penalizaciones sobre el aborto, en un país que ya tiene una de las leyes más restrictivas de Europa en este ámbito.

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La solidaridad es nuestra arma

“La solidaridad es nuestra arma” es el lema común del Paro Internacional de Mujeres, una plataforma nacida de las movilizaciones en Polonia y que ha cogido fuerza también en Argentina, con presencia en Perú, Chile, Bolivia, Guatemala, México, Irlanda, Corea del Sur, Australia, Rusia o Estados Unidos entre otros países. Ellas se definen como un movimiento “grassroot”, o de base (así se llaman en inglés, por contraposición a las “astroturf”, campañas con apariencia espontánea pero dirigidas por alguna instancia), sin relación con partidos políticos. Apoyada por organizaciones de mujeres y de derechos humanos, la iniciativa se lanzó al mundo desde Polonia en la últimas semanas de 2016 y propone para el 8 de marzo de 2017 “una forma abierta de protesta”, desde la huelga total de una jornada en el trabajo, en los cuidados y tareas domésticas, a un paro parcial por una o dos horas, la realización de marchas y manifestaciones, el cese de compras por ese día o el boicot a las empresas discriminatorias o la “huelga de sexo”. El negro, elegido como luto por las mujeres asesinadas, es su seña de identidad mayoritaria: ropa negra, cintas o cualquier otro elemento de ese color (no obstante, ante las objeciones que las mujeres africanas han expresado al uso del negro, las participantes están debatiendo el uso de más colores en sus carteles y ropas, como el tradicional morado feminista, o el rosa en algunos lugares). Están en Facebook, en Twitter, en Instagram y en su propio sitio web, en inglés y en español. Un soporte digital para el que necesitan un mínimo apoyo económico y para el que han iniciado una campaña de donativos. Su icono, el perfil blanco de una mujer sobre fondo negro, se difunde por las redes sociales.

Desde España, han contactado con las polacas órganos como el Consejo de las Mujeres de Madrid –donde participan las asociaciones de mujeres de la capital–, que incluye en su web el llamamiento del Paro Internacional, y lo mismo ocurre con Mujerpalabra.net, administrada por Michelle Renyé, “espacio feminista independiente y autogestionado”, que se suma al llamamiento de las argentinas. Pero ha sido la Plataforma Feminista 7N contra las violencias machistas la que ha creado el evento en Facebook con el paro 8M para España, lo que acredita la convocatoria “formal” en nuestro país. Nerea Aginako y su directora Patricia Haurralde, de la Fundación Haurralde, una ONG que desde el País Vasco trabaja por la igualdad y la defensa de los derechos humanos, de las mujeres y de las niñas, son las integrantes de la Plataforma 7N que han dado este paso en la red social y esperan impulsar a las demás para difundir la acción.

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Sin embargo, la organización de la jornada en España es aún incipiente y la llamada podría diluirse en un año más de manifestaciones por el día de la mujer; además, ellas mismas sugieren que la descentralización del Estado español complica la coordinación de grupos activos. La Plataforma 7N contra las violencias machistas del Estado español se suma al Paro Internacional de Mujeres el 8 de marzo para decir no al creciente machismo, convocando una concentración con velas a las cero horas de dicho Día Internacional de las Mujeres, en las plazas de al menos cinco ciudades de España (…) aunque este año aún no haremos propiamente una huelga en las empresas, en las aulas y en los hogares, empezaremos el 8 de marzo juntas en la calle encendiendo ese poder que está en nuestras manos, porque sin o contra nosotras no se mueve el mundo.”

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Viento del Este

Klementyna Suchanow es una joven periodista y escritora polaca, investigadora de la vida y la obra de Witold Gombrowicz, figura de la literatura del siglo XX de su país. Ella, que no pertenece a ningún grupo feminista, sindicato o partido, es una de las fundadoras de este movimiento nacido en Polonia como “autodefensa”frente al gobierno conservador del partido Ley y Justicia –con mayoría absoluta desde 2015– y también por la preocupación con la que las mujeres del Este de Europa siguen la deriva del gobierno ruso en materia de derechos civiles, especialmente los de las mujeres. Las polacas son muy conscientes de la amenaza que supone el influjo de la potencia más cercana, la Rusia de Putin, donde se alzan voces de la ultraconservadora iglesia ortodoxa por la imposición de los valores de la “familia tradicional”. La muestra más reciente de esta deriva ha sido la despenalización en Rusia de la violencia física en el ámbito doméstico. Así, de Washington a Breslavia, a un lado y otro del mundo hay mujeres que se echan a la calle frente a dos mandatarios poderosos que se apoyan mutuamente: unas salen más por Trump, otras por Putin. Con ambos las manifestantes entienden que las mujeres pierden. En Polonia, no solo es la legislación sobre el aborto: también el gobierno hace daño cuando “está sacando la plata de las organizaciones de apoyo a las mujeres que sufren violencia”, afirma enérgica Klementyna Suchanow en un perfecto español rioplatense. El compromiso con esta causa, explica, empezó desde su propio trabajo periodístico, que ha decidido hacer activo y participativo. Ella y otras compañeras crearon el evento en Facebook que fue el inicio de la convocatoria, que tuvo enseguida respuesta en Corea del Sur y Rusia, para sumarse pronto grupos de mujeres en Argentina y otros países latinoamericanos. Además, la abogada Marta Lempart, la principal organizadora del grupo polaco, mantiene contactos con las activistas estadounidenses que iniciaron su propia marcha. “Es un verdadero movimiento de base –asegura Suchanow– sin más financiación que alguna campaña de crowdfunding, aunque casi todo es trabajo que aportamos las propias chicas, en los diseños, acciones, la página web…˝ “No queremos convertirnos en una estructura formal”, afirma. Paradójicamente, en los países en los que existe un feminismo anterior más fuerte y más organizado –como Francia– es donde Suchanow y las suyas encuentran más fría acogida, como recién llegadas “a sus festejos del 8 de marzo”.

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Los gobiernos conservadores las tienen enfrente, pero ¿apoya el movimiento obrero la huelga de mujeres?Suchanow es tajante: “No hay en Polonia ningún apoyo por parte de los sindicatos”. Como en tantos otros levantamientos populares históricos, las polacas se consideraron “vendidas por sus propios compañeros”cuando el famoso sindicato mayoritario en el país, Solidaridad, llegó al poder. “Los hombres de Solidaridad vendieron los derechos de las mujeres a la Iglesia”, sostiene. En esa transacción de poder entre la jerarquía católica y la sindical, los religiosos “se reservaron el control de las cuestiones morales”, lo que las mujeres polacas, en un país donde el aborto era libre en la época comunista, han vivido como una traición. “La palabra huelga está cambiando de significado”, afirma. “Podemos parar aunque no estemos sindicadas. Huelga, obreros, clases… utilizamos términos del siglo XIX en el siglo XXI, pero hay otras fronteras que no son las clases sociales, podríamos hablar de la defensa de cuestiones humanas y ecológicas… las cosas están cambiando. Incluso en la huelga de octubre hubo muchas pequeñas empresas que entendieron y apoyaron el paro, cuando en la lógica obreros-burgueses deberían haber estado en contra˝. Convocando al paro al margen de los sindicatos clásicos, Marta Lempart, Suchanow y sus aliadas se inscriben en esta nueva acepción de “huelga social”como la que promueve la Transnational Social Strike, y en un modelo de acción con “estructuras flojas”,completamente horizontal, dejando todo el protagonismo a los grupos locales que son los que en definitiva conocen los problemas y mecanismos específicos de cada sociedad, actuando tan solo bajo el paraguas de una llamada abierta pro derechos civiles.

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Las mujeres son las nuevas indignadas

La multitud reunida por la Marcha de las Mujeres en Washington al día siguiente de la toma de posesión de Donald Trump en la Casa Blanca fue respaldada en todo el planeta con manifestaciones en más de 600 ciudades –lo que se llamó la Women´s March Global–. Según Associated Press, hubo más de tres millones de manifestantes en total, en lo que puede considerarse como una reacción global a una ola conservadora global. Las cifras convierten estas jornadas en hitos históricos de los movimientos civiles. Las masivas afluencias en Estados Unidos, Argentina y Polonia hablan de la realidad de un nuevo clamor de indignaciónque recorre el mundo como el que llenó las plazas en 2011, solo que esta vez son las mujeres las indignadas. Un movimiento de masas contra la violencia y la desigualdad que volverá a escenificarse el próximo 8 de marzo, exactamente cinco meses después de la muerte de la desventurada Lucía Pérez. Este año, el Día Internacional de la Mujer será el día de la primera huelga internacional de mujeres de la historia.

Así lo expresan ellas mismas en un de sus documentos, una petición con emplazamiento al paro elevada a Naciones Unidas, en la que justifican la toma de esta medida extraordinaria como la única vía “para asegurar que el retroceso creciente en materia de derechos humanos de las mujeres termine(…)debido al aumento de políticas radicales de derecha”, “Nosotras, las mujeres del mundo –continúan–exigimos: acción inmediata en contra de la violencia de género(…) y en contra de todas las formas de discriminación por género, incluyendo la regulación de salarios (…) Asegurar que eliminar los derechos de la mujer –incluyendo nuestros derechos reproductivos– sobre la base de sistemas religiosos, ya no será tolerado˝.

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Las hermanas latinoamericanas

Acerca de las raíces del movimiento en América habla una de las portavoces argentinas, María Florencia Alcaraz, del colectivo “Ni una menos”, uno de los grupos contra la violencia de género que más protagonismo está teniendo en este proceso. “Salimos a las calles de manera masiva por primera vez en 2015 bajo la consigna Ni Una Menos, pero desde hace mucho tiempo las argentinas venimos organizadas. Hace 32 años que tenemos el Encuentro Nacional de Mujeres, un espacio de formación y reunión que hacemos todos los años en una provincia distinta. Es una experiencia inédita en el mundo”. Las activistas argentinas saben bien que se enfrentan a una reacción brutal a las conquistas de las mujeres en un país en el que hay una mujer asesinada cada 26 horas, mujeres presas por abortar o por defenderse (o defender a sus hijos) de sus agresores. María Florencia Alcaraz explica cómo su consigna Ni Una Menos Vivas Nos Queremos encontró réplica “entre las hermanas latinoamericanas” en Perú, México, Bolivia, Ecuador. Tomaron la idea de paro del ejemplo de la Huelga de Mujeres islandesas de 1975 y de las polacas en 2016, hitos que “traccionaron para la Women´s March y el paro que se viene, hay una continuidad y una potencia”. En Argentina las convocantes han emplazado a los sindicatos a apoyar la huelga del día 8 de marzo, tras una asamblea con más de 200 mujeres en Buenos Aires celebrada el pasado 3 de febrero. Por su parte, la CGT –Confederación General del Trabajo, la histórica central sindical mayoritaria en el país– anunció una movilización para el día 7, precisamente la víspera del día de las mujeres. No obstante, Alcaraz señala que la huelga del día 8 “va a tener cobertura gremial” y que “muchos referentes sindicales han expresado su apoyo. Estamos con muchas compañeras que están en los sindicatos˝. También Estela Díaz, Secretaria de género de CTA (Central de Trabajadores de la Argentina), se ha expresado en prensa a favor del paro de mujeres como “una oportunidad propicia dentro del sindicalismo”. Así pues, parece que han llegado a un entendimiento para que el 7/3 sea un trampolín –en palabras de uno de los líderes sindicales del CGT– para el #8M.

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“El movimiento de mujeres marca agenda en el mundo”, escribe la periodista Tali Goldman en Página 12 a propósito de la asamblea en Buenos Aires. Es así pese a las dificultades que encuentra incluso entre sus potenciales aliados del movimiento obrero. Goldman narra una muestra de estas resistencias: “Parada en el centro de la ronda (Natalia Fontana, sindicalista) mostró un papel en el que se podía ver a mujeres con dos leyendas diferentes. La primera con la frase “Las mujeres fuertes toman las riendas de sus vidas”, la otra con la consigna “las débiles culpan de sus problemas al patriarcado”. Arriba había una mujer sonriente con uniforme de trabajo, abajo un grupo de manifestantes con carteles mostrando las tetas”. Precisamente por estas fechas en Argentina hay una oleada de movilizaciones feministas a pecho descubierto bautizadas como “tetazos”contra la prohibición del topless playero y la lactancia materna en lugares públicos. “Estamos hartas de la intervención de la iglesia en las decisiones sobre nuestros cuerpos”, afirman las convocantes del Paro Internacional de Mujeres. “Estamos hartas de la misoginia y el discurso contra lo que llaman “ideología de género”.

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Derechos de las mujeres, derechos humanos

En definitiva, “Women´s rights are human rights”. Éste es uno de los principales lemas que se escucharon en enero en Washington. Las redacciones de los periódicos reseñaron principalmente la presencia en el estrado de estrellas como Madonna o Scarlett Johanson, si bien hubo personalidades históricas de los movimientos feministas y pro derechos civiles que también participaron en una marcha que tuvo un fuerte componente antirracista y contra la xenofobia, dadas las amenazas de la presidencia Trump. Grandes veteranas como Gloria Steinem –quien recordó a las polacas de negro en su discurso– o la profesora Angela Davis (filósofa, activista y miembro del partido comunista) hablaron a la multitud tocada con los llamativos gorros de lana rosa, los “pussyhats” que tejieron miles de mujeres en irónica respuesta a las despectivas y machistas expresiones del nuevo presidente.Esta marcha de mujeres representa la promesa del feminismo contra los poderes perniciosos de la violencia estatal”, dijo la señora Davis. “Los derechos de la mujer son derechos humanos en todo el planeta”.

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Las dimensiones y la capacidad organizativa de lo ocurrido en Washington suponen, no obstante, un giro cualitativo respecto a las recientes marchas en ciudades suramericanas o europeas. Hubo allí un escenario, equipos técnicos, mayores medios de los que cabe esperar obtener con pequeñas colectas en internet. Las norteamericanas contaron con colaboraciones económicas que no han pasado desapercibidas para la prensa estadounidense. Así, en el New York Times se han publicado artículos apuntando las conexiones entre los donantes de la Women´s March –teóricamente, un acto pro derechos humanos no partidista– y el entorno del Partido Demócrata, extremo que estos socios (partners) niegan y afirman ser puramente filantrópicos. Por otra parte, en el debate público tras la Marcha de Washington han aflorado de nuevo las divergencias en las posiciones pro-trabajo sexual (en ese sentido se entienden las discusiones sobre el grito “pussy power”) frente a las abolicionistas, o las ideas acerca del uso del velo entre las mujeres musulmanas (una de las principales figuras de la marcha es Linda Sarsour, una activista cercana a Michelle Obama que dirige la oficina femenina de la Asociación Árabe-Americana de Nueva York y cubre su cabeza con el velo). No dejan de ser, finalmente, las mismas cuestiones que dividen a las activistas en todo el mundo y sobre las que el Paro Internacional de Mujeres no ha fijado una posición en ningún documento. “Luchamos ahora por algo común e internacional muy básico”, por la libertad y la seguridad de la mitad de la población mundial, apunta en este sentido Klementyna Suchanow.

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Pero, ¿hubo alguna vez una huelga de mujeres que sirviera para algo?

Es sorprendente comprobar cómo los logros reales de acciones de esta clase son ignorados por la mayoría, pese a su rotundidad. Una vez más, la historia de los hechos protagonizados por mujeres desaparece pronto del relato común y hay que hacer el esfuerzo de buscarla. La del próximo 8 de marzo será la primera convocatoria internacional pero no la primera vez que las mujeres han usado la huelga, la herramienta insignia del movimiento obrero y de la lucha de clases, en defensa de sus derechos. Si hoy se levantan y hablan en las asambleas argentinas y polacas, hace ya más de un siglo que la joven judía de 23 años Clara Lemlich pidió la palabra en otra asamblea para llamar a la huelga. En 1909 Lemlich habló y para el asombro de sus compañeros varones se convirtió en la líder del histórico “Levantamiento de las 20.000”, la huelga de las camiseras de Nueva York de 1909. Las huelguistas –en su mayoría mujeres emigrantes, judías procedentes de la Europa del Este– fueron fuertemente reprimidas por el poder y menospreciadas en su capacidad de organización por sus iguales varones, sin embargo, su lucha acabó convirtiendo la industria de la confección en uno de los oficios mejor regulados de los Estados Unidos de América.

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Las promotoras del International Women´s Strike conocen sin duda la historia de Clara Lemlich y también habrán visto las viejas fotografías de la huelga de las mujeres de Islandia de 1975, secundada por el 90% de las trabajadoras. De hecho, la inspiración directa de Marta Lempart para llamar a sus compatriotas al “lunes negro” polaco del pasado 3 de octubre es esta huelga islandesa. El 24 de octubre de 1975 las islandesas paralizaron, literalmente, el país, en una jornada en la que hicieron huelga laboral y de cuidados y que fue descrita por los hombres como el “viernes largo”, pues tuvieron que ir al trabajo y llevarse a los niños con ellos: las madres y las abuelas estaban de huelga ese día. En esa fecha, había solamente tres mujeres diputadas en Islandia, el 5% del Parlamento. Cinco años después, en 1980, Islandia tenía la primera mujer presidenta en Europa y la primera jefa de Estado elegida democráticamente, Vigdis Finnbogadottir. Ocupó el cargo durante 16 años. Según ella misma explicó a la BBC, nunca hubiera llegado a la presidencia de no haber sido por la huelga de mujeres, el día que “abrió los ojos de muchos hombres”.

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“Creo que sí, que tras el 8 de marzo el movimiento va a tener continuidad”, dice Klementyna Suchanow, “porque las mujeres sienten que hay sobre ellas una amenaza física”. Desde Islandia en 1975 a Polonia y Argentina en 2016, la Marcha Global contra Trump del 21 de enero y la convocatoria para marzo de 2017 pueden ser los primeros pasos de una nueva internacional en la que nos agrupemos todas; esta vez, una internacional de mujeres es la que está en marcha.

https://artemisiarevista.wordpress.com/2017/02/13/8m-la-huelga-mundial-de-mujeres-esta-en-marcha/

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